Esto de ser madre

Murmullos…

Hijo, esta entrada va para ti… Esta mañana mientras dábamos nuestro paseo habitual te quedaste dormidito. A diferencia de otras veces que te llevo en la mochila, hoy ibas en el coche, con tu león bien agarrado y un chupete que hacía “suc-suc” con el movimiento de tu boca. Al principio quisiste capturar todas las imágenes que te invadían: árboles que empiezan a perder sus hojas y colores, edificios de todo tipo, las tiendas del barrio, las gentes que iban y venían, pero cuando ya no te cabía más información cerraste los ojitos para archivarla en tu memoria.

Te quejaste un rato… te resistías a entregarte al apasionante mundo de los sueños, pero un toque con mi mano, te hizo bajar la guardia y caiste como por arte de magia en un plácido sueño. Entonces quise escuchar tus latidos, quise seguir el ritmo de tu respiración, quise contagiarme de tu paz… Quise murmurarte una canción, quise que me sintieras muy cerquita… y no conseguí nada. Un murmullo constante llenaba todo el espacio, una ciudad demasiado expuesta se escondía en el constante ronroneo de motores y voces que no eran ni la tuya ni la mia… Me detuve un momento en el espacio (aunque mis pies seguían andando) y no pude evitar sentir una cierta angustia por haberte ofrecido este mundo, un mundo que en tres meses no me ha permitido aun enseñarte el silencio.

Fui buscando calles amigas, rincones sin acceso automotriz, descubrimos parques en los que aun se perciben los cantos de cuatro aves (que no son los AVEs de la discordia), pudimos oír el “chiu-chiu” de una fuente en la laguna. Abriste tus ojos. Notaste que la cortina de ruido había quedado entreabierta y nos regalaba un instante de lucidez auditiva… pero no fue suficiente. Quisiste comer, a modo de “picnic” y retomamos el camino a casa. Fuimos entrando poco a poco en la vorágine de la ciudad. El runrún de los coches te adormeció otra vez, el racatá de una moto te quiso despertar. Superamos el bache. Llegamos a casa. Mi respiración estaba algo acelerada… tú, diste un gran suspiro…¡un suspiro! te vuelvo a escuchar!! Suspendemos todo tipo de interferencias. Hoy no hay lavadoras, teles ni radios que interfieran. Nos tumbamos en la cama, alzaste tu cabecita… no dijimos nada. Me miraste y me regalaste una sonrisa. Rompí el silencio y creamos en conjunto nuestro propio bullicio de balbuceos y risas. Hoy no fuiste en la mochila… pero llenaste mi mochila de los recuerdos.

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9 pensamientos en “Murmullos…

  1. Ohhhh que profundo. Viven sintonizados. Si todos los padres tuvieran esa sensibilidad, este mundo sería diferente. Te felicito Janita. Tu hijo aumentó tu fibra poética. Nunca la perdiste, pero ahora la puedes canalizar mejor porque tu corazón está feliz junto a tus dos grandes hombres.

  2. Que lindo Jani !! Simplemente hermoso. Mientras leia pude conectarme con lo que sentian. Estoy segura de que Dario leera estas lineas hasta viejito y se sentira el hombre mas feliz y orgulloso de su mama.

    • Andreíta! Muchas gracias. Salió fácil esta vez. Era puro sentimiento como quien diría… jejeje… con que llegue a viejito y se sienta el hombre más feliz, ya me sentiré satisfecha con la labor realizada. Un beso grande pa usté!

  3. Janita me alegro tanto de poder contar con todo lo que podremos leer sobre tu vida en familia y como se comunican,algo extraordinario
    dora

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